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Septiembre dorado

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“Dudo que los rayos del sol puedan irradiar con tanta bondad en otra piel que no sea la de ella”

En septiembre del 2010 comprobé un par de cosas. La primera es que los atardeceres son mejores cuando se reflejan en alguien, es ese dorado que aunque dure poco nos hace ver todo más hermoso, más real. La segunda cosa que pude evidenciar es lo caprichosa de mi naturaleza.

Para el día que realice éstas fotos había pautado con una chica quien después de haber confirmado su colaboración termino por cancelar. Me había quedado sin modelo, pero realmente quería hacer las fotos, así que le pedía a la intermediaria (la amiga de la modelo) que fuese ella en su lugar. Por suerte ya había trabajado con ella, lo malo no teníamos mucho tiempo de luz natural, y yo simplemente lo quería así.

 
Soy mujer y entiendo que significa arreglarte sin tener tiempo para hacerlo, sentirte bella, cuando has tenido mejores días y ceder tu espacio y tu tiempo cuando podrías dejarlo para otro día, con menos improvisación.

Supongo que la bella Adrianny Maneiro (la modelo suplente) apeló a su buen corazón y sucumbió a mi manipulación, pues puede que a un fotógrafo le digas que “No”, pero a una fotógrafa, es otra historia.

Hay situaciones donde los cambios de último momento no son efectivos, pero en otras es lo mejor; y gracias a la talentosa Adrianny la sesión no sólo resulto inmejorablemente salvada, sino además cobró valor. Dudo que los rayos del sol puedan irradiar con tanta bondad en otra piel que no sea la de ella. Valió la pena el maratón.

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